La otra cara de la soberbia


La otra cara de la soberbia

Por: Jaz Mendoza
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soberbia, pecados capitalesDurante toda mi infancia mis papás me dijeron que pecar era malo y me enseñaron a ser temerosa de Dios y sus castigos. Sin miedo a equivocarme, aseguro que a muchas de ustedes les dieron el mismo mensaje. Sin embargo, uno crece y se forma sus propias ideologías, y con esto no quiero decir que sea atea y promueva el pecado, no, pero sí pienso que necesitamos de ellos en ciertas situaciones para salir a flote; me refiero a los 7 pecados capitales.

¡No me linchen! ¡Esperen! Permítanme argumentar. En este texto me enfocaré en la soberbia, el peor de todos según dicen, pues es considerada la base de todo pecado.

Si bien, la soberbia despierta un apetito de superioridad frente a los demás, también nos fortalece en tiempos de crisis, pues nos llena de coraje y orgullo.

Sin miedo a equivocarme, otra vez, creo que la mayoría hemos pasado por situaciones difíciles ya sea familiares, profesionales, económicas e incluso legales. Recordemos ese momento y pensemos qué fue lo que nos levantó, lo que no nos permitió quedarnos tiradas en el piso y lo que hasta el día de hoy no nos deja tirar la toalla: el orgullo.

“El orgullo de que mis hijos no me vean derrotada, el orgullo de no darle el gusto de verme vencida a quien quiere verme caer, el orgullo de no sentirme fracasada…”

Antes de escribir este texto pregunté a varias personas: ¿Crees que la soberbia te ha ayudado de alguna manera en tu vida? Les comparto la respuesta textual de una de ellas: “La soberbia bien canalizada te sirve porque sabes que dentro de tus propias limitaciones puedes hacer ciertas cosas mucho mejor que los demás y es ahí donde te debes enfocar para salir adelante”.

Me parece que el orgullo orientado al logro es un poderoso motivador que nos genera sentimientos de optimismo y perseverancia, que nos obliga a ser mejores en nuestros diferentes roles y nos impulsa a lograr nuestras metas.

La soberbia, el pecado original

Como simples seres mortales que somos estamos ávidas de reconocimiento. En el trabajo buscamos la preferencia del jefe, ese mérito que nos dé el ascenso a un mejor puesto y sueldo. También necesitamos sentirnos las mejores madres, abuelas e hijas y, por si fuera poco, nos exigimos perfección al vernos al espejo. Nadie nos impuso estándares tan altos, fue nuestro ego personal.

Tengamos cuidado, al sentirnos tan autosuficientes es posible que se nos presente la arrogancia y altivez disfrazadas de orgullo, y entonces pecamos de soberbias.

Este inicio de año tengamos la ambición moral de vivir en plena consistencia con nuestros valores personales, vamos a defenderlos con orgullo. Ese orgullo satisfactorio que nos mantiene de pie, que nos motiva a seguir adelante sin pasar por encima de los demás, sin imponer nuestra voluntad.

Si acaso se están preguntando si los otros pecados capitales (avaricia, lujuria, gula, pereza, envidia, ira) tienen una cara positiva, las invito a leer a Glam Weddings en el blog Laura Alvarado y descubrir cuál es su pecado… #YoPeco

 

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